Budismo, física cuántica y la mente: todo es perfecto – Alicia Trujillo

(Para saber lo que es la meditación y la mente, da click aquí: www.homocosmico.com/meditacionuno/  )

Hace aproximadamente 2000 años, una rama particularmente avanzada dentro del budismo, el Budismo Mayahana, afirmó que ninguna cosa en el universo existe por sí misma, estando todas intrínsecamente conectadas, y que toda partícula o forma es insustancial, es decir está vacía, no es por sí misma.

El ejemplo más claro es la ilusión del yo; ¿por qué digo ilusión?, porque carece de sustancia o vida propia, ya que cambia constantemente en la misma medida que el observador, quien hace posible percibirlo como “real”.

No fue hasta varios años después que la física cuántica comienza a estudiar y experimentar los mismos fenómenos. Se observó que, al estudiar una partícula elemental como un electrón, simplemente no se encuentra. Está vacía. Es decir, éste solo existe en relación con el sistema de medición y el observador; es más, se niega la existencia independiente de lo observado, el observador e incluso la observación misma.

 

 

Está vacía. Detengámonos en está afirmación por un momento.

Tú, lector podrías preguntarte: ¿por qué la interdependecia de los fenómenos y todas las cosas es equivalente al vacío? Es más, ¿qué es el vacío?

Pues bien, por más difícil que sea encasillar una realidad dentro de un concepto, vamos a intentar definir el vacío según la perspectiva budista: vacuidad, es decir, pureza infinita . Las cosas carecen de una naturaleza individual ya que están embestidas en el tejido mismo del universo, de la misma forma que una ola no existe separada del océano.

Una vez adentrados en la naturaleza del vacío, podemos irnos más lejos y reflexionar sobre los pensamientos.

Si los pensamientos no escapan a  ésta verdad, entonces, ¿por qué tienen tanto poder sobre nosotros , si no tienen “vida propia”?

Es precisamente a este punto donde he querido llegar.

Necesitamos hacer consciencia del hecho de que no somos nuestros pensamientos; mayormente por nuestra educación y cultura occidental, se nos ha ensañado a identificarnos con nuestra mente.

Al no poder crear cierta distancia con tus pensamientos, por supuesto que no los podemos ver como la ilusión que son; no podemos entender la vacuidad en ellos.

No separarte de tus pensamientos implica que no hay observación. Y sin observación, no hay modificación, no hay consciencia.

En el preciso momento en que una persona entra en estado de meditación (es de las herramientas más efectivas para ejercitar la mente humana) puede experimentar el efecto de ser observador de sus pensamientos y de cómo éstos funcionan.

¿Cómo separar de nuestro sentido existencial el hecho de que todo aquello de lo que estamos compuestos, en su constituyente  más básico, se ve modificado por el acto de ser observado? Ya no podemos olvidar algo así.

Observando tus pensamientos, ves muy claramente la vulnerabilidad de los mismos, al no atribuirle más poder, y por lo tanto impides que se materialicen en una realidad no deseada. Pero no vayas a malinterpretar mis palabras. No darles poder a los pensamientos no significa que no puedas hacerlo; claro que sí, pero de una manera constructiva.

En el budismo Tibetano, se divide a la mente en dos. La parte ordinaria de la mente; la que juzga, controla, discrimina, separa y contamina. Y la verdadera naturaleza de la mente (Ripga en tibetano). Cuando eres observador de tu mente, sin darte cuenta, tu ser reposa en la misma naturaleza de la mente. “Traes la mente a casa”, dirían los tibetanos.

Es entonces que tu espíritu está en armonía. En automático, desde ese lugar pensamientos sanos, constructivos y positivos empiezan a aflorar a la superficie.

 

El efecto del observador tiene la facultad, o el poder de por el simple hecho de observar un pensamiento negativo, cambiar el destino del mismo. Ya no pasará de la ilusión que es. No Dejarás que esa “realidad” te posea. Observar es iluminar, como en una cueva se ilumina algo con una linterna, y deja de ser una contingencia o un accidente esperando a suceder.

Quisiera citar al autor de “psicología cuántica” que dice: “Cada descripción del universo es una descripción del instrumento (la mente) que utilizamos para describir el universo”.

O en otras palabras, la realidad es para nosotros, tal como son los medios que poseemos para asimilarlo.

Nuestra realidad es nuestra creación. Y tanto la mente como los pensamientos son los medios más valiosos que podemos utilizar a nuestro favor .

Si en algo coinciden la física cuántica y el budismo, es en que la realidad es producto de nuestra observación.

Cuando contactas con la belleza dentro de ti, contactas con la belleza en tu entorno. El observador y lo observado se funden en uno.

Purifiquemos nuestra visión para así transformar y purificar nuestra realidad.

Dejemos caer los velos de la ilusión, para poder realmente ver.

Escrito por Alicia Trujillo

Art by MK and Mariano Pecinetti

 

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