Una distinta mirada a la muerte

Por Alicia Trujillo

 

“Para usted, la muerte está separada de la vida. La muerte está ahí a lo lejos mientras usted está aquí ocupado con su vida: conduce un automóvil, tiene relaciones sexuales, siente enojo, preocupación, va a la oficina, acumula conocimientos, etc. No quiere morir porque no ha terminado su libro, o porque aún no ha aprendido a tocar el violín. Entonces separa la muerte de la vida, y dice: “Primero comprenderé la vida y después la muerte”. Sin embargo, no están separadas y eso es lo primero que debe entender. La vida y la muerte son uno, están íntimamente relacionadas, no puede aislar una y tratar de comprenderla separada de la otra”. Kirshnamurti.

 

 

Es bien sabido que una de las angustias más predominantes en nosotros: ciudadanos de la cultura occidental, es la angustia a lo que nos han enseñado que es el final de los finales. La muerte.

Puede que muchas familias no lo transmitan a sus hijos como tal, verbalizándolo. Pero es que el aprendizaje que más impacta en nuestro ser, desde el nivel celular hasta nuestros esquemas mentales más arraigados, es la información no hablada; un código que está implícito en el inconsciente colectivo, y por lo tanto personal.

Formas muy sutiles y otras no tanto son las que hay para manifestar tan grande miedo.

¿Alguna vez os habéis planteado el significado de fondo que tiene una fotografía?

El hecho de tener un retrato de ti mismo en tu cuarto, de un momento importante en tu vida, no sólo tiene el poder de inmortalizar ese momento de tu experiencia, sino que detrás, está la intención no consciente de que siga vivo ese recuerdo; que siga viva la persona que eras en ese entonces, y las emociones y sentimientos que predominaban en tu vida entonces.

¿Algo menos sutil?

Cirugías, el culto excesivo de nuestros tiempos al cuerpo enmascarado de vanidad; ese aferramiento a la eterna juventud, que muchos de nosotros estaríamos dispuestos a invertir grandes cantidades de energía y dinero en ello.

¿Y qué me dices de los avances científicos que se llevan realizando desde hace mucho tiempo, para congelar el cuerpo humano una vez muerto y poderlo revivir años después?

Es más, en algunos círculos, a día de hoy la muerte es un tema tan amenazante que los familiares de una persona en fase final de una enfermedad terminal, están dispuestos a todo menos a dejarlo morir.

La lista podría seguir y seguir…

Aunque ya en este punto alguien se habrá pensado: “Espera, no todo el mundo lo ve así. ¿Qué pasa con muchas culturas orientales?

Y efectivamente; existen formas de ver y relacionarse con la muerte que se aleja mucho de lo que estamos acostumbrados. Necesito que pongan atención aquí: Cambiar la forma de ver la muerte, implica un cambio radical en la forma de ver y vivir la VIDA.

Desde el punto de vista Budista las vidas son vistas en forma de macrocosmos; nuestras vidas han existido siempre de una forma u otra (de ahí la famosa frase de todo regresa en diferente forma) siguiendo una ciclo de renacimiento y muerte; decadencia y renovación que lo rige todo.

Así pues la filosofía budista anticipa casi 3.000 años las leyes de la conservación de la energía y la materia.

En la visión budista, la vida es eterna y la muerte necesaria tanto para comenzar una nueva vida como para apreciar verdaderamente la maravilla de la vida. Para hablar del modo ideal de morir, hay que hablar del modo ideal de vivir.

En conclusión, atravesar un satisfactorio proceso de muerte depende de los esfuerzos hechos en vida para contribuir a la buenas causas, a la compasión y a la bondad que te muestres a ti mismo y por lo tanto, a la humanidad.

Para el hinduismo su preocupación no es la muerte; es sólo un término.

Ellos saben que van a renacer en otro lugar, y lo importante es interrumpir la cadena de renacimientos, porque desde siempre el ser humano pertenece a la eternidad; somos una manifestación de lo divino; el hindú al contrario de la mayoría de nosotros, busca liberarse de la existencia terrestre, ya que lo perciben como una negación del ser, de lo que realmente somos y su objetivo consiste en renunciar a ella. La muerte es la puerta que hará posible la unión de nuestra alma individual con el alma universal; con el Absoluto, o en otras palabras, el Principio Supremo.

 

 

A lo largo y ancho de África hay cientos de tribus que creen en la reencarnación de una forma u otra. Por ejemplo, los zulúes: grupo étnico de más de 10 millones de individuos, poseían uno de los credos más avanzados. Dentro del cuerpo habita un alma, y dentro de ésta, una chispa del espíritu universal divino: El Tongo.

Por otro lado, la forma religiosa más primitiva es el totemismo que prevalece de forma pura o mistificada en todos los pueblos de África. Se caracteriza por la adoración a los antepasados ya que éstos continúan viviendo en la mente de los pueblos africanos, tanto como ánimas o espíritus capaces de trasladarse incorpóreamente asumiendo en ocasiones aspecto de animales o como seres sobrenaturales que conservan externamente su apariencia terrenal.

Antropólogos más espirituales, basándose en los increíbles testimonios orales recogidos en sus investigaciones, escribieron que el hombre primitivo tenía una relación muy especial con los animales, que mediante prácticas rituales o ingesta de enteógenos, nuestro ancestro recordaba o experimentaba la vida de un animal o planta, que el mismo había sido. Y que por lo tanto ingerir la carne de su animal totémico era equivalente a comer a un ser de su misma especie, práctica tabú o prohibida en muchas regiones.

Para los Indios Tlingit del sudeste de Alaska, la muerte de un miembro del clan es motivo de fiesta porque creen que el alma se reencarna en nuevo cuerpo entre sus parientes; en un cuerpo joven y sano.

En las sociedades precolombinas de América, la muerte era un acontecimiento muy ritualizado, lo que incluía ceremonias de todo tipo, acompañadas de ofrendas, alimentos y regalos de utilidad para el inicio del largo camino que iniciaría el difunto tras la muerte.

En el Islam acogen la muerte con alegría ya que la vida puede llegar a ser muy limitada, mundana y con varias aflicciones por el hecho de estar atrapados en un cuerpo. Explican paso a paso en el Corán como proceder antes, durante y después de la muerte de un familiar.

La visión islámica recomienda no apegarse con mucha intensidad a la vida de orden material, sí vivirla en plenitud pero dar un lugar prioritario a la realización espiritual.

El ser humano se lleva de esta vida no más que sus obras, tanto lo que ha hecho por él mismo como por los demás y de sus obras no escapa ni en la muerte. Sea lo que haya sea que haya hecho en su vida, se enfrentará a ello.

Una cultura fascinante, que es la tibetana, está desprovista del tabú general que encontramos en Occidente.

Allá se encuentra al a muerte con respeto y veneración. La existencia de la muerte llega a ser un estimulante para el desarrollo del hombre. Este crecimiento es subrayado durante toda la vida y especialmente cuando la persona está moribunda.

Un principio de base Budista que impregna la vida de los tibetanos es el carácter transitorio de todas las cosas, y el constante cambio del universo entero.

Allí, la existencia de la muerte es utilizada como un recurso psicológico indispensable para la consciencia del carácter de impermanencia de la vida y el valor precioso del eterno presente, este momento de aquí y ahora.

 

Una figura muy destacada en el mundo de la psicología, Elisabeth Kubler Ross, madre de la tanatología, psiquiatra, escritora y una de las mayores expertas en el estudio de la muerte, dedicándole casi toda su vida a investigar y comprobar científicamente que la muerte no es el final. Se basó mucho en estudios de experiencia cercanas a la muerte, con personas de todos los países y de diferentes culturas y religiones, para que no se viera sesgada su investigación.

¿Cómo podemos definir la muerte?

Definir es, en cierto sentido, limitar. Pero ya que el lenguaje es uno de nuestros principales sistemas de comunicación y de gran poder, tratemos de llegar una aproximación.

La muerte es transformación. Es cambio.

La parte de mí, que hace 1 año experimenté, o incluso ayer, ya murió.

¿Implica eso que ya no está?

No. Implica que dejó de ser lo que era para ser algo diferente. Y esa semilla necesaria para ser lo que soy hoy, sigue viva en mí; y todo el potencial de lo que llegaré a ser, está ahora en mí, en este mismo momento.

Porque todo es ahora. Nunca nada permanece en la misma forma. Todo regresa, pero en diferente forma.

Cada pensamiento, por pequeño e insignificante que parezca, trasciende.

Todo acto por pequeño e insignificante que parezca, transciende.

Toda palabra por pequeña e insignificante que parezca, trasciende.

¿Es la muerte el enemigo de la vida? ; ¿O es la muerte el gran maestro?

Es más, ¿sería posible tener una mínima comprensión de la magnificencia de la vida sin la muerte?

Donde está la vida, está la muerte,

Y donde está la muerte, está la vida.

 

 

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