Una mensaje Maya a Trump: In La Kech, Hana Ken

Trump:

Hace siglos las tierras en donde habitas e hiciste tu fortuna, mismas tierras que vas a gobernar y mismas tierras que al mismo tiempo pretendes que tu pueblo las vea como enemigas, como lo señalaste desde el inicio de tu campaña, eran habitadas por gigantes.

Esos ancestros de la humanidad, sentaron las bases de las civilizaciones modernas y permitieron distinguirnos de las demás especies del planeta. Construyeron los primeros caminos, desarrollaron sistemas contables, entendieron nuestro lugar en la naturaleza, y exploraron el potencial del espíritu humano.

Ellos no se dedicaron a crear solamente armas para aniquilarse entre ellos, no siguieron el camino de los pueblos de la mente dueños de la tecnología y del capital que hoy tan bien has sabido aprovechar. No descubrieron la fórmula de la relatividad como la entendemos hoy en día, tampoco crearon los primeros ordenadores ni mucho menos el internet que hoy es tu peor enemigo.

Los pueblos de los que hablo, esos pueblos del corazón, dejaron un legado más sutil, pero no por ello menos importante. Estoy hablando de los Cherokee, Egipcios, Griegos, Lakota, Mexihkas, Sumerios, Wixarikas, Tlaxcaltecas y sobretodo el pueblo Tolteka o Maya, entre muchos otros.

Estos pueblos entendían algunos conceptos que apenas estamos empezando a demostrar científicamente, como por ejemplo, la interconexión de toda la vida del Planeta Tierra.

Ellos entendían el lugar de la especie humana en un contexto planetario, no como dueños sino como partes de aquello a lo que llamamos naturaleza. También entendían la interdependencia de todos los pueblos de la humanidad, y de todos los humanos dentro de esos pueblos antes de que existiera el mundo global que hoy pretendes desintegrar.

Esos pueblos sabían que para crecer no había que tener más, había que ser más. Y que un pueblo era mejor que el otro no cuando su economía era más grande, sino cuando su gente era más feliz.

Tu naciste en tiempos diferentes, a ti te hicieron pensar que tener más era ser mejor, que hay que ganar a toda costa, que hay que pisar a los demás si es necesario. Es una visión respetable de la vida, pero ya no es sustentable. Una humanidad que piensa así, tiene los días contados. Y un presidente que piensa así, no debe gobernar los Estados Unidos de América.

Cada quien puede pensar como cada quien quiera, sí, y como decimos en México “hacer de su culo un papalote”. Pero cuando una persona es elegida para ser el presidente del país más poderoso del mundo, de la economía más grande, y controlar los códigos nucleares del arsenal más destructivo de la historia de la humanidad, su manera de ser y de pensar es algo que nos incumbe a toda la tribu humana.

Has demostrado ser una persona que no escucha a los demás y que no tolera visiones distintas a la tuya, has creado un muro entre el mundo que pretendes conquistar con tu carisma, y tú. Has demostrado ser una persona dispuesta a todo para tener más. Vives en una ilusión, un sueño que se llama ego.

Tu ego te ha hecho creer que solo teniendo más y ocupando posiciones de poder vas a lograr tu realización. Te hace sentirte desconectado de las demás personas, y por eso quieres ser mejor que todos. Pero el juego que estás jugando no puede ser ganado, y por eso ahora aspiras a ser el hombre más poderoso del mundo; pero te aseguro que eso tampoco va a ser suficiente para ti.

El precio que has pagado después de jugar 70 años el mismo juego, es el de alejarte del pueblo humano al que perteneces. No has entendido que formas parte de una especie, eres un individuo entre muchos, una célula de un cuerpo que se llama humanidad.

¿Qué es lo que pasa cuando una célula de el cuerpo humano olvida que es parte de un organismo y empieza a crecer sin importarle el cuerpo al que pertenece? Esa célula se convierte en una célula cancerígena, y contagiará a otras células saludables hasta que el proceso sea irreversible y el cuerpo muera.

 

Nuestra generación ha heredado un capital pacífico sin precedentes en la humanidad. Nuestros abuelos entendieron la importancia de la paz después de las horribles guerras del siglo pasado que casi acaban con la humanidad entera, tu lo viviste en la Guerra Fría. Somos herederos de un capital pacífico por el que no trabajamos, y que no valoramos.

No te importa derrochar ese capital de paz, como si fuera una fortuna tuya. Pero no es tuya, ni del pueblo al que perteneces, esa paz le pertenece al mundo.

Cuando dos mayas se saludaban, uno le decía al otro “In la Kech”, y el otro le respondía “Hana Ken”. Esto significa Yo Soy Tú, y Tú Eres Yo, al igual que el saludo Nahua “Ni tehuat/ti nehuatl”. Ellos entendían que somos un solo pueblo, una gran familia en la que hacerle daño al otro era hacerse daño a si mismo. Ellos entendían que los pueblos de la tierra somos un gran equipo, una empresa si lo quieres ver así, con una sola meta: sobrevivir, y hacerlo garantizando no solo la búsqueda de la felicidad, sin la felicidad misma y respetando al planeta que nos dio la vida.

 

Entiéndelo, Trump, estamos juntos en esto, ya no hay lugar en este punto azul en el espacio para tu manera de pensar. Ese camino era el equivocado, y nuestra especie ya lo entendió. No quieras regresar al pasado.

Los humanos somos un solo pueblo. Ustedes son nosotros, y nosotros somos ustedes. Si ustedes están bien, nosotros estamos bien y si nosotros estamos bien, ustedes están bien. Ese es el mensaje de los Mayas.

Entiéndelo: #InlaKechTrump

Art by M.K.

Revisado por Victor Tlauiozelotl Chávez, Ministro de Inkaltonal e intercesor de la Danza del Sol de Ueuexihko Amatlán de Ketzalkoatl

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