Platón, el Buda, la Caverna y la Matrix

Platón, el Buda, la Caverna y la Matrix

 

“Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su anchura una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen enfrente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino elevado entre este fuego y los cautivos. ” Platon

 

Platon

 

En la alegoría de la Caverna, Platón plantea a través de ese ejemplo el argumento de la incapacidad del ser humano de ver la realidad como realmente es, sino solo a través de las formas o ideas que tenemos de esa realidad. Esto tiene un sentido mucho más profundo y científico si lo analizamos a través de la técnica de meditación Vipassana, desarrollada por Siddartha Gautama, el Buda.

En la alegoría, el humano está sentado en una caverna viendo las sombras de las cosas en el fondo de la caverna e imposibilitado de voltear para ver las cosas como realmente son.

 

“…¿Cómo habían de poder ver más, dijo, si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil?…”

 

¿Qué representa la caverna? ¿Los objetos? ¿Qué es entonces la realidad suprema?

Existen tantas realidades como observadores, pues las realidades son en cuanto observadas. Pero según Platón, los hinduistas y budistas, existe una realidad suprema, aquella realidad cuyas sombras solo podemos ver.

Esa realidad es objetiva.

Las realidades son subjetivas no por que sean observadas por sujetos, pues los sujetos realmente no existen, el “yo” como algo separado del resto, es una ilusión.

Entonces las realidades subjetivas también son una ilusión, y por esos son sombras. Lo que las hace subjetivas no es el sujeto que las observa, sino la identificación del sujeto con aquella ilusión, o ego, que separa al observador de lo observado.

Esa ilusión es generada en nada más y nada menos que la mente.

 

“…— Y si se le obligase a mirar la luz misma, ¿no sentiría dolor en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?…”

 

La mente tiene cuatro procesos a través de los cuales la realidad “entra” desde afuera y es “captada” por nosotros: consciencia, percepción, sensación y reacción.

La consciencia es la parte receptora de la mente, el acto cognitivo. Registra un fenómeno, recibe datos físicos o mentales.

 

Platon

 

El segundo proceso mental es la percepción, el acto de pre-conocimiento. Esta parte de la mente identifica cualquier cosa que haya sido notada por la consciencia. Distingue, etiqueta y clasifica los datos escuetos que llegan y los evalúa como positivos o negativos.

El tercer proceso es la sensación, es decir, la señal de que algo está pasando, surge cuando se recibe cualquier dato. La sensación permanece neutra hasta que se le asigna un valor: agradable o desagradable según la evaluación que haya recibido. Si es agradable, genera deseo de prolongar e intensificar la experiencia. Si es desagradable, se deseará pararla y expulsarla.

El ultimo paso, es la reacción que surge de manera inmediata, la evaluación de la que hablábamos.

 

“…Luego, dirigiría su mirada al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol. Y al fin podría, creo yo, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y dondequiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra y tal cual es…”

 

Estos 4 procesos mentales surgen a la velocidad el rayo cuando nuestros sentidos reciben un dato, o input.

Estos 4 procesos, y el cuerpo físico, es lo que provoca en nosotros la seguridad de que hay un “yo” en alguna parte dentro de nosotros, una identidad continua.

En el cuarto componente de ese proceso: en la reacción, la realidad suprema pasa a ser, para nosotros, una mera sombra o interpretación que hacemos de esa realidad.

La mente, como herramienta, está programada para reaccionar ante la realidad que entra a través de nuestros sentidos. Esta reacción siempre es binaria, como en las computadoras: de agrado o desagrado. Estos ceros y unos, o agrados y desagrados son lo que percibimos. De alguna manera, al reaccionar nuestra mente envuelve la realidad en esa sombra de agrados y desagrados, que es lo que recibimos.

 

“…— Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a concluir que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta manera, la causa de todo lo que se veía en la caverna…”

 

Me gusta, o no me gusta. Es el input que recibimos de la realidad a través de nuestra mente, y esa calificación que hacemos de manera automática, es precisamente el velo que nos impide ver la realidad como realmente es.

Si pudiéramos deshacernos de esa parte del proceso, de la reacción, veríamos las cosas como realmente son. Es dejar de percibir las cosas con la mente, o facultad racional, y empezar a percibirlas con la facultad intuitiva, o corazón.

La composición de patrones mentales que llamamos “realidad”, y que percibimos a través de la reacción que nuestra mente ahce a la información que entra por nuestros sentidos, empezando por la vista, hacen un cúmulo de información a la que bien podemos llamar “Matrix”, es decir, una realidad subjetiva y condicionada por nuestros patrones mentales.

 

¿Cómo son realmente las cosas?

Se pudieran escribir tratados enteros sobre como es la realidad “en realidad”. Algunas personas en la historia han logrado tener visiones breves de cómo la realidad realmente es. En la cultura científica/occidental, a estos vistazos se les llama consciencia cósmica, en el contexto búdico se le llama Nirvana, en el Hindú se le llama Brahman, en el Católico se le llama Reino de Dios en la Tierra.

Sin embargo, olvidemos todos esos términos pues lo único que hacen es levantar el muro que las corrientes de pensamiento han construido en torno a un concepto tan sencillo como el Ser.

 

“…Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo puesto, al dejar de forma repentina la luz del sol, ¿no se le llenarían los ojos de tinieblas? — Ciertamente, dijo. — Y si, cuando no distingue aún nada, antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder en poco tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que éstos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna se le habían estropeado los ojos, y no añadirían, además, que sería para ellos una locura el intentar semejante ascensión, y que, si alguno intentara desatarlos y hacerlos subir, sería preciso cogerle y matarle?…”

 

Ver las cosas como realmente son, es intuir la interconexión que existe entre todo lo que es, es ver como yo soy todo, y todo es yo. Es apreciar la infinita belleza, y el incalculable amor que emana de todas las partículas del Universo. Es captar por un momento como todo es perfectamente perfecto, en el estado en el que está, y sentir como no hay nada que lograr ni a donde ir sino la contemplación del eterno y maravilloso momento que es el Ahora.

Es ver más allá de nuestros condicionamientos, o Matrix, y observar como todo es plenamente perfecto, tal cual y como es. Como no hay nada que mejorar o alcanzar. Como todo cambia constantemente, pero sin dejar de ser menos perfecto. Es ahogarse en el mar de amor y perfección que permea todo lo que es.

Convertirse en luz, o más bien, darse cuenta que todo siempre ha sido divino, perfecto, glorioso y creado con la única finalidad de ser disfrutado y amado.

¿Cómo lograr este estado?

No hay nada que lograr, ganar, o alcanzar. Más bien hay cosas que perder, procesos mentales que deshacer o desprogramar.

La manera más práctica de acostumbrar a la mente a no reaccionar ante la realidad que entra a través de nuestros sentidos, es a través del más palpable de nuestros sentidos: el tacto, pues es en nuestro propio cuerpo donde podemos experimentar esta realidad.

Hay un ejercicio mental desarrollado hace 2,500 años, que busca acostumbrar a la mente a no reaccionar, es decir, a mantenerse ecuánime ante las sensaciones que surgen y desaparecen constantemente en el cuerpo. Con una práctica adecuada en esta técnica, que les invito a explorar, es posible reeducar la mente a la no-reacción, y desarrollar en nosotros la capacidad de observar la realidad como realmente es.

Esta técnica se llama Vipassana, y más adelante hablaré de ella.

 

“…El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del Sol; en cuanto al cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, si lo comparas con el alma que se eleva hasta la esfera inteligible, no errarás, por lo menos, respecto a lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios sólo si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo que hay de bello y de recto en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que ésta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la vida pública y en la vida privada…”

 

Escrito por INLA

 

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