Tranquila, tranquilo. Respira.

¿Qué eres?

Tienes una forma física, un cuerpo hecho por trillones de átomos en billones de células. Pero no eres tu cuerpo.

Tienes un nombre con el que te identificas, una combinación alfabética que la mayoría de las veces produce un sonido armónico cuando es pronunciado. Pero no eres tu nombre.

Tienes una mente-herramienta que se identifica con esa forma física y con las memorias que recuerda y que crean su personalidad. Pero no eres tu mente.

 

¿Qué eres entonces?

 

Eres “eso”.

 

“Eso” ha existido durante más tiempo del que puedes imaginar. Para “eso”, el tiempo no existe.

Durante esa infinidad de tiempo, todo ha salido bien, y seguirá saliendo bien. La prueba de ello es que sigues aquí. Cierra tus ojos, respira, y atestigua como todo está en paz. Nada malo está sucediendo mientras lees esto y nada malo ha sucedido ni sucederá nunca.

Todo lo “malo” que has experimentado, ha terminado y ha resultado no ser malo al final de la historia. De hecho, todo aquello que alguna vez creíste que fue “malo”, fueron eventos tan ocasionales y neutros como las leyes de la física, como una manzana cayendo de un árbol, pero tu mente insistió en calificarlos de negativos y tu le creíste pues tiendes a identificarte con tu mente. La vida nunca se puso dura, la que se puso dura fue tu mente, rígida ante el cambio.

Eres una molécula de agua dentro de una gota de agua, preocupada por lo que será de esa gota.

Eres una gota de agua, dentro de un vaso de agua, preocupada por lo que será de ese vaso.

Eres un vaso de agua, dentro de un océano preocupado por la dirección que deben de tomar las corrientes, como si hubiera algún destino.

Eres un océano, dentro de un océano, dentro de un océano de océanos.

No tienes ni tendrás ningún tipo de control sobre el destino de esas aguas que navegas. Tú no tienes el control, ni lo tendrás, ni lo necesitas.

Descansa en esas aguas atemporales y eternas de las que siempre has formado parte, de las que nunca controlarás su destino, velocidad, composición y ritmo. Esas aguas siempre te han llevado por buen camino, y lo seguirán haciendo pues no hay mal camino.

No tienes otra cosa que hacer más que flotar en sus corrientes, observar el cielo, las nubes, las estrellas y confiar en que lo que es ya no será, y que lo que será un durará.

Todo lo que quieras o puedas lograr para ti mismo o para los demás, será como dibujar figuras con el dedo en las aguas de ese mar, y valdrá la pena solo si te divertiste haciéndolo.

Todo lo que te puedas imaginar, todo lo que crees que es bueno o malo para ti, toda experiencia o acontecimiento futuro que te pueda dar paz o quitar la tranquilidad, tendrá la naturaleza de surgir y de cesar, será impermanente. Todo pasará y no tendrás control alguno sobre cómo sucederá ni sobre cuanto tiempo durará.

Solo tendrás control sobre cómo percibirás esa realidad, esas aguas que en esencia son transparentes y que tu mente decide teñirlas de azul o de negro, de luz o de tinieblas conforme a lo que en su opinión tan limitada en tiempo y espacio considera que es “bueno” o “malo”.

Descansa en esas aguas, como lo haz hecho durante miles de años, durante millones de Universos, durante incontables eternidades.

En ese tiempo infinito todo siempre ha estado bien, y todo seguirá estando bien independientemente de lo que hagas o dejes de hacer.

Eres un mar, dentro de un mar, dentro de un mar y no tienes el control de absolutamente nada, voltea hacia arriba y respira. Acomódate, disfruta el viaje. No tienes nada más que hacer, pero que nunca se te olvide que tú eres ese mar.

 

inla.

imagen de Justin Main

Leave a Reply

Show Buttons
Hide Buttons
Read previous post:
Volver a entender el tabaco para volver a respirar

  Síntesis del libro “El método fácil para dejar de fumar”, de Allen Carr A continuación una síntesis de un...

Close